Don Quijote de la Mancha no trata sólo sobre un hombre que confunde ficción y realidad. Trata sobre algo bastante más incómodo: la capacidad humana para construir relatos tan sólidos que terminan sustituyendo a los hechos.
También les ocurre a las organizaciones.
Hay empresas que comienzan detectando oportunidades y terminan interpretando cualquier dato como una confirmación de que tenían razón desde el principio.
Entonces aparecen frases como:
🔹 El mercado aún no está preparado
🔹 El problema fue la ejecución
🔹 El cliente todavía no entiende el producto
🔹 Internamente sabemos que vamos bien
Y poco a poco la organización deja de corregirse porque la explicación interna de lo que está pasando pesa más de lo que está pasando.
Las malas culturas corporativas suelen fracasar por uno de estos dos motivos:
🔸 Demasiados quijotes
🔸 Demasiados sanchos
Las primeras se despeñan por entusiasmo. Las segundas no hacen nada memorable jamás.
Porque toda organización necesita gente capaz de imaginar posibilidades que todavía no existen, pero también necesita gente que contraste esas ideas con datos, ejecución o clientes.
Las empresas más peligrosas no son necesariamente las que tienen malas ideas, sino las que han perdido la capacidad de distinguir entre visión y autoengaño.
Quizá por eso, el verdadero acierto de Cervantes no fue crear a Don Quijote, sino emparejarlo con Sancho.
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Antonio Rodríguez
Goya, El Quijote, La aventura del rebuzno
