Un hábito de conducta, o un patrón de comportamiento que llevamos realizando durante años, a veces durante décadas, es difícil de cambiar aún cuando sepamos que nos perjudica.
Cambiar un patrón o un hábito implica reentrenar circuitos cerebrales y esto requiere repetición y conciencia.
No podemos ser demasiado exigentes en las expectativas del cambio (con nosotros mismos o con los demás) porque eso podría considerarse una agresión o una autoagresión: la exigencia excesiva es una forma de maltrato.
La parte positiva, sabiendo que cada persona o cada proceso lleva velocidades distintas, es que aunque los resultados no sean inmediatos, desde el principio podemos ir apreciando mejorías o tendencias al alza, tomando como referencia nuestro propio punto de partida.
Todos tenemos ejemplos de experiencias en las que parecía que los cambios eran invisibles, mínimos, insignificantes al principio pero con perseverancia y constancia, esos avances se fueron acumulando y transformando en mejoras reales.
La clave está en valorar cada pequeño logro. Cada vez que actúas de manera diferente a cómo lo haces habitualmente, aunque sea un detalle, estás avanzando. Esos pequeños pasos, ayudan a tu cerebro a adaptarse y a crear nuevos hábitos de manera real.
cambiodehabitos crecimientopersonal mejoracontinua neuroplasticidad logros
Estamos aquí para ayudarte
www.55grados.es
Antonio Rodríguez
