Una cosa es cerrar una etapa y otra cosa es arrastrarla.
El offboarding psicológico se refiere a cómo una persona se desvincula emocionalmente de una empresa, más allá de los trámites formales de salida. No se trata de entregar el portátil o firmar documentos, sino de cerrar a nivel humano.
Cuando sales de una empresa, para comenzar en otra, debe haber una transición mental en la que reflexiones sobre los aprendizajes y los errores del último ciclo.
Dónde no pusiste límites, qué patrones no quieres repetir, qué has normalizado, de qué te arrepientes… y sobre todo ser capaz de perdonarte, quedarte con lo que te ha hecho mejor profesional y analizar lo que fue o no inevitable.
No hay que pensar que cambias de escenario, sino de versión.
Entender, si es el caso, que no lo has hecho mal, simplemente que no era el lugar donde debías estar y afrontar el nuevo proyecto como una elección y no como una huída.
Porque cuando no hay cierre, hay arrastre de dinámicas, de exigencias mal entendidas y decisiones no revisadas. Porque el offboarding psicológico, no es un proceso formal pero si necesario.
No se trata de marcharte, se trata de marcharte bien. Esto es lo que marcará la diferencia en tu siguiente experiencia profesional.
Muchas personas vinculan su identidad con su trabajo: la desvinculación psicológica implica ir separando “quién soy” de “qué hacía”.
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Pic by Rodney Smith
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Antonio Rodríguez
