Nuestra mente muy pocas veces vive en el presente.
Nuestro pensamiento oscila constantemente entre el recuerdo y la expectativa. Cuando miramos hacia atrás, al pasado, no vemos la realidad, sólo vemos memoria y cuando miramos hacia adelante, al futuro, tampoco vemos la realidad, sólo vemos imaginación, normalmente en forma de miedos y deseos.
Esencialmente vivimos entre la memoria y la anticipación.
Pero la memoria no es un reflejo fiel de lo que ocurrió. Es una versión editada, a veces agrandada, a veces distorsionada.
Y la imaginación tampoco se queda atrás. Está construida a partir de nuestras experiencias, creencias y traumas. Por eso, cuando pensamos en el futuro lo hacemos desde el miedo a perder o el deseo de alcanzar.
Miedo y deseo son dos motores poderosos, pero no dejan de ser constructos mentales.
El futuro no existe y sin embargo vivimos reaccionando constantemente a escenarios que sólo existen en nuestra cabeza.
Esto no significa que debamos suprimir los pensamientos de pasado o de futuro, significa que no debemos quedar atrapados en ellos. Porque mientras pensamos en lo que ocurrió o en lo que ocurrirá, nos perdemos lo que ocurre.
Y lo que ocurre es el presente.
El lugar donde nunca estamos es el presente
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Antonio Rodríguez
