Estos efectos son sesgos cognitivos, es decir, prejuicios de nuestro pensamiento, interpretaciones erróneas de la información que recibimos.
Ocurre cuando juzgamos a alguien, positiva o negativamente, a partir de nuestras primeras impresiones que actúan de manera inconsciente, rápida e involuntaria.
– Efecto Halo: si alguien nos resulta agradable o interesante, la tendencia, el sesgo, el prejuicio, es valorarla de manera positiva,
– Efecto Horns: si alguien nos causa una impresión no placentera, o no se enmarca dentro de nuestro esquema mental, la valoración, el sesgo, el prejuicio, es valorarla de manera negativa.
Estos efectos son tan importantes como que pueden ser decisivos a la hora de:
– seleccionar personal,
– realizar las entrevistas de trabajo,
– tomar las decisiones de contratación y promoción,
– efectuar las evaluaciones de desempeño y
– el ambiente laboral en general.
Además también puede alterar las relaciones interpersonales en el lugar de trabajo. Si un empleado es percibido injustamente como incompetente, sus compañeros podrían evitar trabajar con él, limitando su capacidad para integrarse al equipo. Sin embargo, un trabajador percibido de manera positiva sin justificación, podría acaparar la atención y las oportunidades, dejando a otros empleados más capacitados en desventaja y afectando la dinámica de colaboración dentro de la empresa.
Para minimizar estos efectos, solo es necesario reflexionar un poco y no quedarse con la primera impresión, ir más allá y saber quién está realmente detrás de esa apariencia, evitando así juicios apresurados, basados solamente en impresiones externas.
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