En el mundo taurino hay un dicho: “se torea con la mano derecha, pero se gana dinero con la mano izquierda”.
Aparentemente es una frase anecdótica pero en realidad encierra una idea bastante universal: la diferencia entre la ejecución del talento y la gestión de su valor.
La “mano derecha” representa la técnica, la disciplina y la capacidad de ejecutar con precisión. Es lo visible, lo que se evalúa en el momento.
La “mano izquierda” es otra cosa. Es lo que no suele enseñarse: la capacidad de negociar, de entender contextos, de construir relaciones, de posicionarse, de saber cuándo decir sí y cuándo decir no. Es el mundo no escrito de las oportunidades.
Y es precisamente ahí donde muchas veces se decide el éxito profesional.
No porque el talento no importe, que importa y mucho, sino porque el talento por sí solo rara vez es suficiente si no se sabe mover en ese plano invisible.
Tal vez la verdadera diferencia no está en lo que sabemos hacer, sino en lo que sabemos hacer con lo que sabemos hacer.
“Más vale una hora de despacho que cien de trabajo”, escuché una vez pocos años después de incorporarme a mi primer puesto. Y todavía me pregunto cuánto habría cambiado mi trayectoria si hubiese entendido esa frase desde el primer día.
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Antonio Rodríguez
