NUNCA TE FIES DE TUS SENTIDOS
Hace 2.500 años Parménides desconfiaba de lo que veía; Heráclito decía que todo cambia; Platón pensaba que vivimos mirando sombras; Descartes dudaba incluso de estar despierto y Nietzsche terminó diciendo que no hay hechos puros, sólo interpretaciones.
Desde Parménides hasta Nietzche la historia del pensamiento tiene un enemigo común: creer que lo que ves es verdad.
No hace falta ser filósofo para comprobar esto. Pasa todos los días.
🔹 Ves a alguien serio y piensas: “está enfadado conmigo”
🔹 No te responden un mensaje durante horas y concluyes: “ya no le importo”
🔹 Alguien tiene éxito y piensas: “lo tuvo fácil”
🔹 Escuchas un comentario neutro y lo interpretas como ataque
🔹 Dos personas mantienen una conversación y callan a tu paso y piensas: “están hablando de mí”
Tus sentidos captan los datos y tu mente fabrica la historia.
En el día a día, no sufrimos por lo que ocurre. Sufrimos por lo que creemos que ocurre, por lo que interpretamos que ocurre.
Y no tenemos que pensar que una mirada significa desprecio, que un silencio es rechazo o que un cambio es traición.
Nuestro cerebro necesita entender y cerrar el relato rápido y lo cierra sin preguntar. Aquí es donde nacen los malentendidos, los conflictos innecesarios y las decisiones impulsivas.
La madurez personal y profesional comienza por entender esto: lo que siento es real pero lo que interpreto puede no serlo.
A nivel laboral pasa igual: pensamos que un compañero no está comprometido o un directivo cree que su análisis es incuestionable.
Quizá la verdadera inteligencia, en la vida y en el trabajo, no está en percibir más, sino en interpretar con más humildad.
¿Esto es lo que está ocurriendo o sólo lo que creo que está ocurriendo?
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Antonio Rodríguez
