607 229 111 info@55grados.es

por | 16 Jun, 2026 | 0 Comentarios

MIEDOS COTIDIANOS DE BAJA PROBABILIDAD

Son preocupaciones sobre situaciones que podrían ocurrir, pero cuya posibilidad real es muy pequeña. Aún así, ocupan una cantidad desproporcionada de nuestra atención, energía y tiempo.

🔷 Ejemplos en la vida cotidiana:
🔹 Que un electrodoméstico provoque un incendio
🔹 Que perdamos el móvil y no podamos recuperarlo
🔹 Que el ascensor se quede atrapado justo cuando entras
🔹 Que te caiga un objeto desde un edificio
🔹 Que se caiga un puente o una estructura por la que pasas en ese momento
🔹 Que alguien clone tu tarjeta en una compra puntual

💠 Ejemplo en la vida profesional:
🔹 Equivocarnos en una presentación importante
🔹 Hacer una pregunta y parecer poco preparados
🔹 Compartir una idea y que sea rechazada
🔹 Que una propuesta innovadora te haga parecer ingenuo
🔹 Que delegar una tarea acabe en un desastre irreparable
🔹 Que una discrepancia profesional te convierta en una persona conflictiva

La realidad es que la probabilidad de que ocurra alguna de estas cosas es muy baja.

Lo paradójico es que existen otros riesgos mucho más probables que apenas nos preocupan:

🔸 No pedir ayuda cuando la necesitamos
🔸 No presentar una idea por miedo al rechazo
🔸 No cambiar de trabajo (o pareja) cuando llevamos años siendo infelices
🔸 No poner límites hasta llegar al agotamiento
🔸 No compartir nuestros logros por miedo a ser arrogantes
🔸 No aprender una nueva habilidad porque pensamos que ya es tarde

Curiosamente, dedicamos más energía a protegernos de acontecimientos improbables que a enfrentarnos a situaciones que tienen un impacto real en nuestra vida.

Los miedos improbables aparecen porque nuestro cerebro no está diseñado para calcular probabilidades, sino para detectar amenazas. Por ejemplo: evolutivamente y durante miles de años, era más seguro pensar que un ruido entre los arbustos era un depredador, aunque en el 99% de las veces, fuera el viento.

Y este mecanismo sigue funcionando hoy aunque el entorno sea muy distinto: reuniones, presentación de ideas, firma de contratos…

Hemos aprendido a convivir con los miedos que no importan, porque es más fácil preocuparnos de lo improbable que cambiar lo cotidiano.
Y así, sin darnos cuenta, vamos tomando decisiones basadas en riesgos que casi nunca llegan.

miedos miedosimprobables tomadedecisiones reflexiones inteligenciaemocional

Estamos aquí para ayudarte
www.55Grados.es
Antonio Rodríguez