En 1980, Tom Selleck empezaba a ser conocido. Steven Spielberg y George Lucas estaban buscando protagonista para “En busca del arca perdida”, la primera película de Indiana Jones.
Tras varias audiciones, Tom Selleck fue seleccionado para el papel por ser considerado el candidato ideal. Sin embargo, había un problema: la cadena CBS no liberó a Selleck de sus obligaciones con el rodaje de la serie Magnum, P.I., por lo que tuvo que rechazar la oferta.
Como el rodaje estaba a punto de comenzar y aún no tenían protagonista, Spielberg propuso a Harrison Ford, quien a pesar de las dudas de Lucas, aceptó el papel y terminó convirtiéndose en el rostro inseparable de Indiana Jones durante más de cuatro décadas.
Estas últimas semanas he trabajado con personas seleccionadas para ocupar distintos puestos de trabajo que se quejaban de que ellos no habían sido elegidos como la primera opción de la empresa, sino la alternativa tras la renuncia o el descarte de otros candidatos.
Y siempre les planteo la misma pregunta: “¿De verdad importa?”
La historia está llena de personas que no fueron la primera opción y acabaron dejando una huella imborrable.
En ocasiones, la diferencia entre quien recibe una oportunidad y quien no la recibe no está en el talento, sino en la disponibilidad, el momento o las circunstancias.
Como dicen los ciclistas: para llegar primero, primero hay que llegar.
Las organizaciones no contratan únicamente al mejor candidato sobre el papel. Contratan a la persona que finalmente está ahí cuando la oportunidad necesita ser cubierta.
Y una vez dentro, nadie recuerda si llegaste en primera o segunda posición.
Lo que se recuerda es lo que hiciste con la oportunidad.
Quizá Harrison Ford nunca fue la primera opción para interpretar a Indiana Jones, pero terminó siendo la opción que hizo historia.
Tras varias audiciones, Tom Selleck fue seleccionado para el papel por ser considerado el candidato ideal. Sin embargo, había un problema: la cadena CBS no liberó a Selleck de sus obligaciones con el rodaje de la serie Magnum, P.I., por lo que tuvo que rechazar la oferta.
Como el rodaje estaba a punto de comenzar y aún no tenían protagonista, Spielberg propuso a Harrison Ford, quien a pesar de las dudas de Lucas, aceptó el papel y terminó convirtiéndose en el rostro inseparable de Indiana Jones durante más de cuatro décadas.
Estas últimas semanas he trabajado con personas seleccionadas para ocupar distintos puestos de trabajo que se quejaban de que ellos no habían sido elegidos como la primera opción de la empresa, sino la alternativa tras la renuncia o el descarte de otros candidatos.
Y siempre les planteo la misma pregunta: “¿De verdad importa?”
La historia está llena de personas que no fueron la primera opción y acabaron dejando una huella imborrable.
En ocasiones, la diferencia entre quien recibe una oportunidad y quien no la recibe no está en el talento, sino en la disponibilidad, el momento o las circunstancias.
Como dicen los ciclistas: para llegar primero, primero hay que llegar.
Las organizaciones no contratan únicamente al mejor candidato sobre el papel. Contratan a la persona que finalmente está ahí cuando la oportunidad necesita ser cubierta.
Y una vez dentro, nadie recuerda si llegaste en primera o segunda posición.
Lo que se recuerda es lo que hiciste con la oportunidad.
Quizá Harrison Ford nunca fue la primera opción para interpretar a Indiana Jones, pero terminó siendo la opción que hizo historia.
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Antonio Rodríguez