En una entrevista de trabajo, hay un error muy habitual y me atrevería a decir, letal:
juzgar al entrevistador y las preguntas que te plantea cuando consideras que no son las mejores que podría hacerte o que habría otras más relevantes.
Piensas:
▫️ ¿Por qué me pregunta ahora por mi primer trabajo?
▫️ ¿Qué tiene que ver esto con la posición actual?
▫️ ¿Para qué me pregunta lo que ya está escrito en mi CV?
▫️ ¿Por qué me pregunta por mi tiempo libre?
▫️ Esto no es relevante
En el momento en que entras en ese diálogo interno, ocurre algo, aunque no lo percibas:
🔹 Te desconectas
🔹 Te desconcentras
🔹 Pierdes intención
🔹 Bajas el nivel de tus respuestas
🔹 Dejas de profundizar
Algo así como un actor que en plena obra de teatro, se le va el texto y pierde el hilo.
Y aquí está lo más peligroso: empiezas a responder desde el juicio, no desde tu estrategia ni tu preparación.
Cuando juzgas al entrevistador y a su pregunta, dejas de aprovecharla. Y en una entrevista, cada pregunta es una oportunidad.
La próxima vez que algo te chirríe en una entrevista de trabajo, cambia el foco y en lugar de juzgar pregúntate: “¿qué puedo demostrar aquí, aunque la pregunta no me guste?”
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Antonio Rodríguez
