Es una de las frases más célebres atribuidas a la filósofa francesa Simone Weil, cuya obra aborda cuestiones relacionadas con la atención y el pensamiento, el sufrimiento, la condición humana, la justicia, la sociedad y la espiritualidad.
Aunque era profesora, decidió trabajar en fábricas para entender de primera mano la vida de los obreros.
Esta experiencia marcó profundamente su pensamiento sobre:
– La opresión
– El trabajo
– La dignidad humana
Murió con 34 años en Ashford. Su muerte estuvo relacionada con la debilidad causada por la tuberculosis y por su decisión de no comer más de lo que recibían los franceses bajo la ocupación nazi, como acto de solidaridad.
Su legado sigue siendo importante porque defendió que prestar verdadera atención al otro es una forma de justicia y amor.
Hoy en las empresas y en la vida, hablamos mucho de comunicación, pero pocas veces hablamos de lo esencial, que es la escucha activa, una capacidad mucho más difícil de encontrar de lo que parece.
Escuchar no es esperar tu turno para hablar, ni ir construyendo tu respuesta esperando que la otra persona termine, en el mejor de los casos, sin interrumpir. Es entender, para generar confianza, evitar conflictos innecesarios, tomar mejores decisiones y hacer sentir valiosos a los demás base, por otro lado, del carisma y el liderazgo.
Pero sobre todo es respeto.
La calidad de nuestras relaciones personales y profesionales, depende directamente de nuestra capacidad de estar presentes.
Hay una pregunta que deberíamos plantearnos: ¿cuándo fue la última vez que realmente prestaste atención a lo que importa?
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Antonio Rodríguez
