Si llevas un año trabajando en la empresa y tu jefe aún no sabe ni tu nombre ni cuáles son tus funciones, tal vez estés siendo víctima de este síndrome.
El empleado invisible es un profesional anónimo, productivo, que cumple a diario sus funciones, que no persigue la relevancia laboral sino la excelencia en la tarea que le ha sido encomendada. Trabaja en silencio, no se queja, no destaca y nunca presume de sus éxitos.
No es el más divertido ni sobresale por su don de gentes, pero cuando se va de vacaciones o sin hacer ruido se toma unos días libres, se echa en falta su trabajo.
Su inteligencia y su talento les hace imprescindibles allá donde vayan.
Como dice el filósofo G. Stein: “los trabajadores invisibles son como la salud: la valoras cuando no la tienes.”
Hay dos tipos de empleados invisibles:
1.- el que decide mantenerse en un segundo plano por propia voluntad, haciendo su trabajo con admirable calidad y productividad
2.- el que desarrollando su trabajo de forma excepcional, no recibe reconocimiento alguno por parte de superiores o compañeros (¿por qué molestarme por destacar si nadie nota mis logros?)
En ambos casos, esta situación limita su evolución y avance profesional en cuanto a promociones y mejora de condiciones, sus esfuerzos pasan desapercibidos y se pueden ver abocados a un estancamiento laboral.
Las causas por las que un empleado se convierte en invisible pueden ser:
1.- internas:
· falta de confianza, inseguridad o autoestima baja
· humildad mal entendida
· infravaloración del propio potencial
· introversión o timidez
· desinterés por el protagonismo
2.- externas:
· competencia insana dentro de la organización
· mal reparto o desorganización de tareas dentro de la compañía
· liderazgo mediocre o deficiente
Es muy importante detectar a aquellos trabajadores que presentan estas características y tratar de retenerlos, evitando la fuga de su talento. La misión del líder consiste en reconocer la calidad, el esfuerzo y el nivel de autoexigencia de este tipo de empleados, equilibrando tareas y competencias, motivándoles y distinguiendo su potencial oculto.
La invisibilidad laboral es un riesgo psicosocial por su impacto en la salud mental y emocional: no reconocer el esfuerzo y la contribución individual en un proyecto erosiona la autoestima y genera sentimientos de impotencia, frustración y desaliento, lo que puede llevar a problemas de salud graves. Además contribuye a un ambiente de trabajo hostil, que afecta a la moral del equipo y a su cohesión.
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